Nacimos dentro de la Fundación Nuestra Señora del Camino como una forma de ir más allá de la atención diaria. Queríamos que las personas con discapacidad intelectual fueran también protagonistas de su propio proyecto laboral, y así convertimos sus talleres en una tienda solidaria donde cada producto cuenta una historia de superación.
¿Qué convierte a nuestros productos en únicos?
Cada pieza está hecha a mano por personas con discapacidad intelectual que ponen en su talento, su esfuerzo y su creatividad. No son solo tazas, velas o llaveros: son horas de trabajo, aprendizaje y cariño. Además, cada compra se reinvierte en programas de formación e inclusión, por eso cada producto es realmente único.
¿Por qué nos gusta lo que hacemos?
Porque vemos cómo, gracias a este proyecto, muchas personas usuarias descubren sus capacidades, ganan confianza y encuentran su lugar en el mundo laboral. Nos ilusiona saber que cada cliente, con su compra, se convierte en parte de esa cadena de oportunidades. Hacemos algo tan sencillo como vender productos, pero el impacto es profundamente humano














